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	<description>una mirada sobre nuestra actividad</description>
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		<title>Muchas manos en un plato&#8230;</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Jul 2010 02:19:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés García</dc:creator>
				<category><![CDATA[Conceptos]]></category>
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		<category><![CDATA[Edición Integral]]></category>
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		<description><![CDATA[&#8230; hacen un buen libro, no un garabato. La secuencia de profesionales que intervenga en el alumbramiento de un libro contribuye a la calidad final de la edición. La secuencia inicial corre&#8230; Es necesario, sin ofender a quienes se dediquen a escribir, que tengamos en claro que existe una diferencia entre escribir textos y hacer [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8230; hacen un buen libro, no un garabato. La secuencia de profesionales que intervenga en el alumbramiento de un libro contribuye a la calidad final de la edición.<span id="more-62"></span></p>
<h3>La secuencia inicial corre&#8230;</h3>
<p>Es necesario, sin ofender a quienes se dediquen a escribir, que tengamos en claro que existe una diferencia entre escribir textos y hacer libros. <strong>Roger E. Stoddard</strong> escribió: “hagan lo que hagan, los escritores no escriben libros”. Si tomamos esta premisa como válida, nos resta dilucidar <strong>qué es lo que sí escriben</strong>. Utilizando un término que en su significación más literal carecería probablemente de vigencia, lo que un escritor escribe es un <strong>manuscrito </strong>o, en términos más contemporáneos, un <strong>original de autor</strong>. Esta obra, digna en muchísimos casos de un gran mérito, en la que su mente ha volcado imaginación, fluidez y muchos otros elementos disfrutables, <strong>dista de ser un libro</strong>.</p>
<p>Manteniendo el mayor de los respetos por quien se toma la voluntariosa labor de explicitar sus ideas en la hoja en blanco, vamos a decir en este punto que una obra escrita es <strong>infinitamente perfectible</strong>. Claro que si todas las obras se mantuvieran sometidas a un proceso <em>infinito </em>de perfeccionamiento, los estantes de nuestras bibliotecas estarían vacíos.</p>
<p>Al original de autor se lo enriquecerá con diversos elementos, algunos de ellos conocidos, comprensibles e identificables por cualquier lector. Van algunos: ilustraciones, diagramación, tapa, contratapa, prólogo, índice. En el caso de que se trate de una obra no literaria, de una obra técnica, supongamos, que aborde problemáticas económicas, indudablemente un factor de suma importancia para la comprensión del contenido por parte de los lectores será la inclusión de tablas o gráficos. También podríamos, por ejemplo, brindar a los lectores un índice analítico, en el que puedan hallar los principales conceptos y el o los números de página donde hallarlos.</p>
<h3>Siempre mejor</h3>
<p>Ahora que acordamos que aquel original de autor puede enriquecerse o perfeccionarse, simplifiquemos el concepto afirmando que puede <strong>mejorarse</strong>.</p>
<p>Un autor de una obra específicamente técnica, encara la producción de la obra para difundir sus ideas sobre una determinada disciplina en la que cuenta con experticia. Pero, tal vez, su experticia no cuente con una redacción didáctica, que permita al lector incorporar los conceptos vertidos <em>progresivamente</em>, facilitándole de este modo la comprensión de la obra completa. El hecho de que un primer borrador sea ininteligible para el lego o el neófito no quiere decir que el escritor experto en su área no posea importantes aportes que difundir en su obra. Allí un <strong>editor</strong>, en una lectura desdoblada que podría poner en severo riesgo su salud mental, se constituirá a la vez en consejero del escritor y en el lector número cero de la obra y sus sugerencias atenderán a mil y un detalles, todos respetuosos y atinados, para la mejoría de la obra de cara a los lectores subsiguientes. El editor debe ponerse en el lugar de los futuros lectores (para asegurarse de comprender la obra) y en el del escritor (para asegurarse de que no deje de decir lo que quiso decir). La labor del buen editor, de este <em>perfeccionador </em>de obras, debe ser <strong>imperceptible </strong>al ojo de los futuros lectores, y enriquecedora y bien recibida por el escritor.</p>
<p>Este proceso es también aplicable a la literatura. El arduo proceso creativo, ese que permite que la ficción se desenvuelva a lo largo de centenares de páginas, demanda una energía muy considerable al autor. Indudablemente el escritor habrá tenido mil y una ideas, habrá considerado desentrañar la trama por distintos carriles, imaginado desenlaces diversos, secuenciado los acontecimientos a conciencia. El tema es que en tan titánica labor, pueden haber quedado huellas. Imagínense si <strong>Sherlock Holmes</strong> hubiera resuelto un caso basado en premisas que el buen <strong>Arthur Conan Doyle</strong> hubiera omitido introducir <em>previamente </em>en el relato. Esta lectura <em>número cero</em> es tan importante en la literatura como en cualquier otro tipo de obra.</p>
<p>Pero además de perfeccionar el texto, el editor vela por el correcto enriquecimiento del libro en sí, con sus ilustraciones, contratapa, índice, etc. Además de ilustradores, diseñadores, y otros colaboradores, existe otro profesional con quien el editor comparte karma: el corrector. Ambos profesionales son invisibles salvo cuando un error elude su ojo entrenado. Sólo son perceptibles a partir del desacierto. Sigamos teniendo presente la premisa de que <strong>un libro es infinitamente perfectible</strong>.</p>
<p>Independientemente de la ortografía y redacción del escritor, existen riesgos como los errores de tipeo, las malas traducciones de frases o giros extranjeros, las oraciones demasiado breves, o demasiado extensas, exceso o falta de signos de puntuación que, aun respetando la gramática castellana, dificulten el ritmo de la lectura. Esto es labor del corrector. Pero el corrector no es un matemático que aplica fórmulas. Muchas de sus intervenciones, sobre todo las redaccionales, requieren de la reconsideración del autor y la <em>mediación </em>del editor, ambos dedicados a lograr que el diamante en bruto brille por sí mismo.</p>
<p>Este texto mejorado y enriquecido <strong>siempre </strong>tendrá una coma más que hubiéramos podido agregar, o que hubiéramos debido quitar, siempre se nos ocurrirá alguna nueva mejora luego, cuando el libro esté cerrado. ¿Por qué?  Por que un libro es <strong>infinitamente perfectible</strong>. Y no olvidemos que luego de aquellas lecturas el texto fue puesto en página y revisado otra vez, aunque con más atención ahora a posibles errores surgidos durante, y no necesariamente a raíz de, la imposición. Va un ejemplo: imagínense qué feo e impráctico sería que en la carilla final de un capítulo nos quede <em>una sola palabra</em>. Pero, una vez corregido y vuelto a corregir, en algún momento debemos rendirnos a dejar de perfeccionarlo. El libro debe salir a la luz. Casualmente, <em>editar </em>proviene del latín <em>edere</em>, que significaba justo eso: <em>sacar a la luz</em>.</p>
<h3>¿Y el libro?</h3>
<p>Cuando el original paciente pero orgullosamente recibió el aporte de todos esos profesionales, el editor tiene la responsabilidad de velar aún por su materialización. Las decisiones referidas a cantidad de ejemplares a imprimir, la plataforma de impresión recomendable en función de la tirada y las características físicas del libro, por citar sólo las más evidentes, requerirán de cálculos, cálculos y más cálculos, que en su mayoría se iniciaron junto con la edición de los textos, ya que muchas de esas tareas se verán condicionadas por estas decisiones mencionadas recién en este punto.</p>
<p>Así como para el lector hay pocas sensaciones más placenteras que la de abrir por primera vez un libro y respirar el olor a papel que emana, el editor disfruta exponencialmente más al sentir el aroma del papel de todos esos ejemplares empacados. Cuando toma en sus manos un ejemplar, fruto del trabajo mancomunado de tantos profesionales, todos sus sentidos se regocijan ante lo evidente: tiene en sus manos <strong>un libro</strong>.</p>
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		<title>La post internet</title>
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		<pubDate>Tue, 18 May 2010 20:53:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés García</dc:creator>
				<category><![CDATA[Conceptos]]></category>
		<category><![CDATA[2.0]]></category>
		<category><![CDATA[divulgación]]></category>
		<category><![CDATA[Edición Integral]]></category>
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		<description><![CDATA[Habíamos abordado globalmente el fenómeno de editar en la web 2.0  en un artículo anterior. El objetivo del presente es explicitar un poco más algunos rasgos que nuestra mirada aporta sobre ese fenómeno]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Posteo, luego existo</h3>
<p>Si <strong>René Descartes</strong> hubiera sido contemporáneo nuestro tal vez hubiera tenido que reformular su postulado como el subtítulo. Habíamos abordado globalmente el fenómeno de editar en la <strong>web 2.0</strong> en un artículo anterior. El objetivo del presente es explicitar un poco más algunos rasgos que nuestra mirada aporta sobre ese fenómeno.<span id="more-48"></span></p>
<h3>En principio el hombre creó el blog</h3>
<p>Podríamos empezar a definir el <em>blog</em> por su etimología. La palabra proviene de <em>weblog</em> (<em>web</em> + <em>log </em>= diario). Para acercarnos más a su significado, podríamos compararlo con el concepto de <em>bitácora</em>. Una <em>bitácora</em> era el término que los marinos utilizaban para denominar el <em>diario de viaje</em> en el que se asentaban los acontecimientos de interés que ocurrían en una embarcación en el transcurso de sus travesías. Del mismo modo, en un <em>blog</em> se asientan textos o artículos que una o más personas producen y desean que cobren difusión.</p>
<p>Lo que <strong>internet</strong> permite, enriqueciendo el mero concepto de <em>bitácora</em>, es que el visitante “filtre” esos contenidos, accediendo solamente a los posteados en determinado rango de fechas, englobados bajo determinada <em>categoría</em>, encuadrados bajo determinadas <em>etiquetas</em>, o producidos por determinados autores. Esto solo pone en manos del visitante la decisión de qué contenidos desea leer. Además, le posibilita <em>comentar</em>, o sea, brindar una “devolución” de lo que ha leído, enriqueciendo y aumentando los contenidos ofrecidos en esta plataforma.</p>
<p>La otra gran posibilidad que la tecnología ofreció a los <em>bloggers</em> (personas que llevan adelante un <em>blog</em>) fue la de no tener que limitarse al posteo de textos. El exponente por excelencia de esta tendencia se pudo apreciar en <strong>Fotolog</strong><strong>®</strong>, que es ni más ni menos que un <em>blog</em> en el que cada “entrada” o post tiene como excusa una fotografía como “disparador” del posteo.</p>
<p>La llegada de <strong>Youtube®</strong>, una plataforma de almacenamiento y acceso público de videos, permitió enriquecer los “posts” con contenido <em>multimedial</em>, sumando audio y video a este medio.</p>
<h3>¿Estás en Facebook®?</h3>
<p>La herramienta creada por (o atribuida a, dirían algunos) <strong>Mark Zuckerberg</strong>, está ampliamente masificada en la sociedad argentina. Para aseverar esto nos apoyamos en algunos parámetros bastante <strong>poco ortodoxos</strong>, tales como su conocimiento (vago, general o profundo) por parte de individuos con escaso o mediano nivel de dominio informático, o el hecho de que algunos medios, organizaciones o personalidades lo ofrezcan como <strong>casi excluyente</strong> canal de comunicación con el público general. Recurrimos a estos poco ortodoxos parámetros justamente porque los consideramos fácilmente comprobables por el público en general, renuente a veces a confiar en las frías cifras de las estadísticas de dudoso o remoto origen.</p>
<p><strong>Facebook</strong><strong>®</strong> es una herramienta que tiene rasgos de <em>blog</em> y es considerada una <em>red social</em>. Comparte rasgos con el <em>blog</em> en la medida en la que se puede llevar, como si fuera una bitácora, un registro textual, fotográfico o audiovisual de las actividades que un usuario considera relevantes. Pero en la interacción con los otros usuarios es que hace el salto. Mediante una poderosa base de datos, y partiendo de la sencilla pero imperfecta premisa de que la información que los usuarios vierten es <strong>verdadera</strong>, permite vincularse con otros usuarios, bien aprovechando la información vertida para descubrir lazos <em>preexistentes</em> al mundo virtual, bien sugiriendo vínculos entre personas <em>desconocidas</em> que puedan tener intereses en común. Permite asimismo que las personas vinculadas por cualquiera de los dos criterios (en adelante, <strong>amigos</strong>) interactúen entre sí, posteándose cosas mutuamente, comentando las cosas posteadas por otros o incluyéndolos (etiquetándolos) en contenidos generados por ellos (textos, fotografías o videos), por mencionar algunas de sus posibilidades.</p>
<p><strong>Facebook</strong><strong>®</strong> posee, y continúa incorporando día a día, desarrollos y utilidades virtuales que trascienden o profundizan algunos de los rasgos descriptos. No obstante, para mantener el foco y no entrar en especificaciones que por su mismo dinamismo podrían quedar obsoletas al terminar de redactar este post, las dejaremos por el momento fuera de nuestra consideración.</p>
<p>Cabe mencionar que existen otras redes sociales de similares características, tales como <strong>Myspace®</strong>, <strong>Sónico®</strong> o <strong>LinkedIn®</strong>, de menor penetración en nuestra sociedad y que por el momento no abordaremos en este artículo.</p>
<h3>Me pareció ver un lindo pajarito</h3>
<p>Cuando ya contábamos con una herramienta presuntamente omnipresente y omnisciente, comienza a popularizarse en nuestro país un exponente <em>minimalista</em> de la <strong>web 2.0</strong>. Llega <strong>Twitter</strong><strong>®</strong>. Cabe destacar que la <strong>cronología</strong> de este artículo pretende ceñirse a la de la popularización de cada una de estas herramientas en nuestro país. En virtud de la popularidad aún incipiente de esta plataforma en Argentina, vamos a extendernos un poco más en su descripción.</p>
<p><strong>Twitter</strong><strong>®</strong> es conocida como una herramienta de <em>microblogging</em>,  lo que ya la define como una manera <em>minimalista</em> de <em>bloggear</em>. En nuestro poco ortodoxo procedimiento de chequear en personas poco digitalizadas el nivel de penetración de estas plataformas, nos sorprendió descubrir que <strong>Twitter®</strong> es considerado por muchos argentinos como un medio poco menos que exclusivo para <em>famosos</em> o <em>celebridades</em> del espectáculo y el deporte. Esta percepción probablemente tenga su origen en algunos de los rasgos distintivos de la herramienta del pajarito.</p>
<p><strong>Tweet</strong> es un vocablo inglés que traduciríamos como <em>trinar</em> o <em>gorjear</em>, o sea, el emitir sonidos por parte de los pájaros, del mismo modo que los perros ladran, los gatos maúllan o las vacas mugen, por ejemplo. <strong>Tweety</strong>, el famoso canario de los dibujos animados de la <strong>Warner Brothers</strong>, debía su nombre a ese verbo. <strong>Twitter®</strong>, entonces, vendría a traducirse como trinador(?) o gorjeador(?).</p>
<p>¿Por qué esta herramienta toma el nombre del gorjear de las aves? A diferencia del <em>blog</em>, que permite el posteo de extensos artículos con contenido multimedial incluido, <strong>Twitter®</strong> nace con una autolimitación: los posts no deberán exceder los <strong>140 caracteres</strong>. De allí la analogía entre el breve gorjeo de un pájaro con el <em>microblogging</em>. Hay que tener en cuenta que la plataforma nace en idioma inglés, una lengua en la que los monosílabos abundan muchísimo más que en nuestro querido castellano. Tampoco podrán “incrustarse” contenidos fotográficos o audiovisuales, sino que en todo caso se podrán incluir <strong>links</strong> hacia estos u otros contenidos que estén alojados en otra parte de la web, cosa nada infrecuente.</p>
<p>La brevedad de los contenidos vertidos en <strong>Twitter®</strong> ya condiciona a quienes visiten esta plataforma. La información a la que accederán sería en principio limitada o fragmentaria, serían cortos <em>updates</em> (actualizaciones) sobre alguien ya conocido, o que podremos ir conociendo muy paulatinamente en ráfagas de tan sólo <strong>140 caracteres</strong>.</p>
<p>El otro rasgo supuestamente elitista de <strong>Twitter®</strong>, es la posibilidad de establecer vínculos unidireccionales. En <strong>Facebook®</strong>, principalmente prima la <em>reciprocidad</em>, al vincularse dos personas uno se convierte en <em>amigo</em> del otro y viceversa (salvo que uno se convierta en “fan” o que “le guste” algo o alguien, posibilidad que abordaremos más adelante). <strong>Twitter®</strong> nos permite ser “seguidores” de alguien, sin que por eso ese alguien esté obligado a “seguirnos” a su vez. Por ejemplo, podemos “seguir” a <strong>Manu Ginóbili</strong>, basquetbolista argentino que se luce en la principal liga de ese deporte a nivel mundial, conociendo las alternativas de sus entrenamientos, reflexiones, actividades o lo que se le ocurra postear, sin que por eso el deportista bahiense esté <em>obligado</em> a enterarse de si podamos el nogal, si vacunamos a nuestro perro o cualquier otra novedad que nosotros hayamos juzgado digna de postear en nuestro <strong>Twitter®</strong> personal.</p>
<p><strong>Twitter®</strong> es entonces una manera de mantenernos constantemente al tanto de lo que decida publicar una persona o entidad cuyo devenir diario nos resulta <em>de interés</em>. Las instancias del viaje por el extranjero de un ser querido serían un gran ejemplo. Es fugaz, intermitente, veloz y, en tanto breve y fragmentario, es una expresión del <em>aquí y ahora</em>, en la medida en que puede resultar muy poco interesante leer un tweet de hace 3 meses y procurar dilucidar a qué se referían esos <strong>140 caracteres</strong> una vez que los hemos sacado de contexto.</p>
<h3>¿Para qué postear?</h3>
<p>Las herramientas 2.0 están convirtiéndose en un <em>digesto</em> (digest), entendido como un <em>compendio</em> de fragmentos o material fragmentado, de todo aquello que nos puede llegar a resultar de interés. Sin entrar a otro sitio, podemos desde nuestro <strong>Facebook®</strong> o desde nuestro <strong>Twitter®</strong> disponer de un compilado de todo lo que ocurre con nuestras personas o entidades de interés. Algunos ejemplos a continuación:</p>
<p>Los medios digitales de información, como diarios y revistas, tienen su <strong>Twitter®</strong>, en el que podemos leer en <strong>140 caracteres</strong> los contenidos más destacados (o los que los propios medios deciden destacar), sin que debamos ingresar a cada uno de los portales. En nuestra propia página de inicio de <strong>Twitter®</strong> podemos ojear los titulares de todos los medios de cuyos respectivos <strong>Twitters®</strong> nos hemos hecho “seguidores”.</p>
<p>Del mismo modo, muchas organizaciones actualizan novedades en su propio <strong>Facebook®</strong>, lo que nos permitiría, por ejemplo, enterarnos de que nuestra prepaga de salud inaugurará un nuevo centro asistencial, y leeríamos esta noticia <em>intercalada</em> entre la nueva foto de perfil de nuestra ex compañera de secundaria y la novedad de que nuestro primo lejano va a ser papá de mellizos.</p>
<p>Cuando en lugar de pararnos como lectores nos paramos como <strong>generadores de contenidos</strong>, las posibilidades que se nos abren son sumamente atractivas, a la vez que, en muchos casos, ilusorias. Las herramientas como <strong>Twitter®</strong> y <strong>Faceboook®</strong>, <strong>de ninguna manera reemplazan</strong> a nuestro sitio web, sino que nos permiten destacarlo, realzarlo, difundirlo y “replicar” aquellos contenidos a los que deseemos dar difusión más destacada e inmediata. Para esto debemos ser sumamente criteriosos en el empleo de estas plataformas, eligiendo qué contenidos replicar y contando en nuestro propio sitio con una <em>infraestructura</em> que nos permita una interacción más aceitada con esas herramientas. Los conocimientos necesarios para llevar adelante una versión exitosa de nuestro sitio en <strong>Facebook®</strong> o <strong>Twitter®</strong>, <strong>no son diferentes</strong> a los que se requieren para dotar a nuestro propio sitio web de <strong>eficacia comunicacional</strong>. Saber emplear estas herramientas a título personal <strong>no es</strong>, en absoluto, <strong>equivalente</strong> a saber obtener el mayor beneficio de ellas como organización. El <em>valor agregado</em> de estas plataformas es su <strong>popularidad</strong>, pero de ningún modo podremos llegar a tener el mismo <strong>control </strong>sobre la publicación de nuestros contenidos que tendríamos en nuestra web, donde además podremos ofrecer otras utilidades a nuestros visitantes para las que en las plataformas que hemos mencionado simplemente <strong>no hay lugar</strong>.</p>
<p>Vale la pena reiterar:<strong> Twitter®</strong> y <strong>Faceboook®</strong> no reemplazan ni reemplazarán a nuestro sitio web, sino que <strong>lo complementan </strong>y <strong>enriquecen</strong>. Esto ocurrirá si y sólo si nuestro sitio y nuestras plataformas 2.0 cuentan con una atenta mirada <strong>profesional</strong>.</p>
<p>Desde <strong>Edición Integral</strong> tenemos experiencia en casos de éxito en el asesoramiento y administración conjunta o dedicada de herramientas 2.0 para nuestros clientes, nos mantenemos constantemente informados de sus nuevas utilidades y posibilidades y esperamos más que gustosos la oportunidad de poner a su servicio nuestro <em>know-how</em> en la materia.</p>
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		<title>(Re)toques</title>
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		<pubDate>Sun, 02 May 2010 16:58:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés García</dc:creator>
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		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[A lo largo de este artículo procuraremos explicar en términos sencillos qué es retocar una imagen y cuál es su conveniencia.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Photoshopear o no photoshopear, esa es la cuestión</h3>
<p>El retoque fotográfico se ha popularizado tanto que ha generado un neologismo lingüístico: <em>photoshopear</em>, derivado de la más popular herramienta de retoque de imágenes de esta era: <strong>Adobe Photoshop</strong>. Incluso personas con escasos o nulos conocimientos informáticos se han hecho a la idea de que la foto de tapa de una revista no <em>refleja </em>exactamente lo que la cámara capturó durante la sesión fotográfica, y hasta contemplan el concepto de que existe algo como <em>demasiado photoshop</em>. Dejando de lado los juicios de valor, a lo largo de este artículo procuraremos explicar en términos sencillos qué es <strong>retocar una imagen</strong> y <strong>cuál es su conveniencia</strong>.<span id="more-36"></span></p>
<h3>¿Qué es retocar una fotografía?</h3>
<p>Vamos a delimitar un poco el objeto de este artículo. Hablamos de <strong>fotografías </strong>y no de <strong>ilustraciones</strong>, como por ejemplo un dibujo en el que en un medio gráfico se ilustra el trazado de un nuevo medio de transporte. Tampoco profundizaremos sobre aspectos técnicos de la actividad de fotografiar. No obstante, habría que entender que en el acto de fotografiar inciden fenómenos ópticos complejos y la idea en sí misma de que existe una <em>realidad </em>que la cámara puede capturar objetivamente puede ser inexacta. Elementos como la iluminación, el maquillaje y el encuadre, entre otros, ya reconfiguran eso que podría considerarse<em> imagen real</em>.</p>
<p>Pero supongamos que hemos obtenido una fotografía de una persona, disponemos de la misma en una computadora y nos proponemos efectuarle modificaciones para “mejorarla”. Existen distintos tipos de imágenes digitales, en este caso estaríamos ante una imagen <strong>pixelar</strong>, esto es, una superficie dividida en millares de píxeles (diminutos “cuadraditos” que tienen un determinado color). Si miramos con una lupa poderosa, o su hermano digital el <em>zoom</em>, veríamos que la imagen es como un mosaico en el que cada pequeño azulejo está pintado de uno y sólo un color. Esto se aprecia con claridad cuando en una computadora “estiramos” una fotografía a un tamaño muy superior al original y vemos que líneas suaves adquieren un aspecto “serrucho”, que nos permite apreciar los píxeles a simple vista.</p>
<p><strong>Retocar </strong>una fotografía es, ni más ni menos, que modificar algunos de esos píxeles para que, en conjunto, la fotografía se vea <strong>distinta</strong>. Para borrar un lunar, por ejemplo, basta con <em>pintar </em>los 4 o 5 píxeles más oscuros que lo conforman (según el tamaño de la fotografía) del mismo color que el resto de la piel. Un retoque relativamente sencillo.</p>
<p>Supongamos que, en cambio, necesitamos borrar un tatuaje. Un caso absolutamente real. Reconocidas modelos argentinas lucen en gráficas de lencería una piel inmaculada, pero si las observamos en fotografías <em>naturales </em>en bikini, en una playa, podremos apreciar tatuajes que en las campañas gráficas simplemente no existen. ¿Si se trata de tatuajes temporarios que lucen durante el verano? Nada de eso, se trata de <strong>photoshop</strong>. <em>Pintar </em>todos esos píxeles para <em>borrar </em>el tatuaje es una tarea mucho más compleja que eliminar un lunar. La superficie de piel a recolorear puede haber recibido en la fotografía distintos matices de luz, puede tratarse de un tatuaje extenso, puede atravesar pliegues o líneas musculares.</p>
<p>Las herramientas de retoque son en realidad mucho más amplias que el <em>pintado </em>píxel por píxel, pero de todos modos el concepto siempre es el mismo. El color de una determinada porción de la imagen debe ser <em>reemplazado </em>por otro.</p>
<h3>Siempre vamos a encontrar&#8230; texturas&#8230;</h3>
<p>Todo lo dicho hasta ahora sobre <em>recolorear </em>píxeles puede aplicarse a lunares y tatuajes, pero también a arrugas o, como el protocolo llama ahora a algunas de ellas, “líneas de expresión”. En fotografías de objetos inanimados, puede requerirse que en una foto de un paisaje se <em>borre </em>un cartel que nos haría publicitar involuntariamente un producto o servicio.</p>
<p>Pero los mandatos estéticos de nuestro tiempo dictan que la piel no puede tener estrías, celulitis, acné, sarpullidos ni rastros de vasos sanguíneos (llamados “venitas” o “arañitas”). La “piel de naranja” debe dejar su paso a la “piel de durazno”. Para esto se suelen aplicar herramientas que básicamente <em>borronean </em>una determinada superficie de piel, reemplazando así texturas <em>irregulares </em>por otras <em>aterciopeladas</em>. El inconveniente de este tipo de retoque surge cuando dentro de área que se borronea existen líneas o elementos que <strong>no deben</strong> ser borroneados ni, mucho menos, suprimidos. La tentación de borronear (o, como dice el neologismo photoshopero, <em>blurear </em>o <em>blurrear</em>) la piel del abdomen ha ocasionado en más de una publicación la pérdida del ombligo por parte de mujeres en bikini, por citar un ejemplo.</p>
<h3>Cuestión de forma</h3>
<p>Pero también puede darse el caso de que en una fotografía se requiera <em>redimensionar </em>determinadas áreas. Esto se da mucho en el cuerpo humano. Un modo sutil de lograr esto es la manipulación digital de <em>luces </em>y <em>sombras</em>. Mediante el agregado de sombras que la luz no generó en la fotografía original se puede, por ejemplo, dotar a un modelo masculino de brazos mucho más musculosos, más voluminosos y marcados. Acentuando el contraste, se pueden <em>realzar </em>muy notablemente los músculos abdominales del mismo modo.</p>
<p>Pero esto no termina aquí. Muchas veces se <em>redibuja </em>una parte del cuerpo humano para adecuarlo a los tiranos <em>estándares </em>vigentes. Se afinan piernas, se redondean curvas, se estiran brazos, se reducen narices, orejas, mentones, en definitiva, se transforma el cuerpo que se <strong>posee </strong>en el que se <strong>desearía poseer</strong>. Una persona logra así lucir como querría, avanzando más que la más osada intervención quirúrgica. Se puede incluso hacer crecer pelo allí donde se ha caído.</p>
<h3>Photoshopeame, photoshopeate</h3>
<p>Hoy en día podemos afirmar que prácticamente <strong>no existen</strong> personas, sobre todo mujeres, que luzcan como las que se ven en las fotografías de los medios. Las proporciones corporales, la superficie de la piel y las contexturas físicas que se aprecian son <strong>creaciones </strong>de laboratorios digitales más que personas de carne y hueso. El problema no es realzar artísticamente una fotografía humana para convertirla en una pieza gráfica más atractiva. El problema surge si pretendemos seriamente <strong>imponernos </strong>la meta de llegar a lucir en carne y hueso como esas imágenes nos proponen.</p>
<p>De todas maneras, y planteada la postura al respecto, volvemos a la mirada profesional. <strong>¿Es técnicamente conveniente acudir al retoque de fotografías?</strong> No hay una respuesta absoluta sin consideraciones sobre el tema.</p>
<p>A lo largo de este artículo expusimos brevemente qué tipo de retoques son los más comunes y, a grandes rasgos, cómo se logran. Lo que probablemente no sea tan obvio para el lector es cuánto tiempo demandan, sobre todo si queremos que queden <strong>bien</strong>.</p>
<p>Por supuesto que además existe la posibilidad de que el retoque efectuado bajo plazos perentorios sea <em>impreciso </em>y se aprecien <em>errores </em>identificables a simple vista. Al final del post dejamos un link que ilustrará este riesgo.</p>
<p>Debido a cuestiones técnicas que no vamos a profundizar, no requiere la misma minuciosidad retocar una imagen para un sitio web que para una revista impresa o una gigantografía en una publicidad de vía pública. Esto tiene que ver con la <em>resolución </em>de la imagen, la distancia a la que será vista por el espectador y la tecnología disponible. Según el caso, el retoque de una fotografía puede demandar <strong>minutos </strong>(rara vez), <strong>horas </strong>(generalmente) o incluso <strong>días</strong> de trabajo. Estas horas-hombre se traducen en <strong>costo </strong>y este costo se traslada en el presupuesto final.</p>
<h3>Como cierre&#8230;</h3>
<p>Desde nuestra experiencia, consideramos recomendable no requerir al retoque fotográfico <em>más de lo necesario</em>. Si las fotografías cuentan con la iluminación adecuada, si las texturas y matices son logrados mediante el enfoque y las luces y si no pretendemos que la fotografía muestre algo completamente diferente a lo que se retrató, la labor no sólo se simplifica y optimiza, sino que se logran imágenes realistas con un mínimo de tratamiento. Presuponer que el photoshop puede <em>solucionar </em>todos los problemas de una fotografía es una <em>ilusión </em>que termina costando dinero. Acudir a fotógrafos profesionales o bancos de imágenes es un recurso que a la larga puede resultar <strong>más económico</strong> que partir de fotografías defectuosas. Encarar la labor con un <strong>asesoramiento integral</strong> tiene sus beneficios.</p>
<p><a title="Página oficial de Adobe Photoshop" href="http://www.adobe.com/es/products/photoshop/photoshop/" target="_blank">Página oficial de Adobe Photoshop</a></p>
<p><a title="52 Worst Photoshop Mistakes In Magazines | Hongkiat.com" href="http://www.hongkiat.com/blog/52-worst-photoshop-mistakes-in-magazines/" target="_blank">Algunos errores y descuidos que ha generado su mal uso</a></p>
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		<title>Feliz día del trabajador</title>
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		<pubDate>Sat, 01 May 2010 13:02:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Edición Integral</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[difusión]]></category>
		<category><![CDATA[Edición Integral]]></category>
		<category><![CDATA[saludos]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Feliz día del trabajador! Desde Edición Integral queremos desearle un feliz día a todos los que construyen con su esfuerzo su futuro. Nuestros mejores deseos para todos nuestros amigos y clientes. Les deseamos éxitos y satisfacciones profesionales y seguiremos juntos para alcanzarlos. &#8220;La buena suerte no es casual, es fruto del trabajo duro. La costosa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.edicionintegral.com.ar/blog/wp-content/uploads/2010/05/trabajador.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-30" title="Feliz día del trabajador" src="http://www.edicionintegral.com.ar/blog/wp-content/uploads/2010/05/trabajador-295x300.jpg" alt="Feliz día del trabajador" width="295" height="300" /></a></p>
<p>¡Feliz día del trabajador!</p>
<p>Desde Edición Integral queremos desearle un feliz día a todos los que construyen con su esfuerzo su futuro.<br />
Nuestros mejores deseos para todos nuestros amigos y clientes.<br />
Les deseamos éxitos y satisfacciones profesionales y seguiremos juntos para alcanzarlos.</p>
<p>&#8220;La buena suerte no es casual, es fruto del trabajo duro. La costosa sonrisa de la fortuna se gana con esfuerzo.&#8221;<br />
Emily Dickinson (1830-1886).<br />
Poetisa estadounidense.</p>
<p>Gracias por trabajar con nosotros</p>
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		<title>El rol del editor: la mirada integradora en la web 2.0</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Apr 2010 19:22:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés García</dc:creator>
				<category><![CDATA[Conceptos]]></category>
		<category><![CDATA[2.0]]></category>
		<category><![CDATA[Edición Integral]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[web]]></category>

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		<description><![CDATA[El tratamiento del conjunto de herramientas comunicacionales en internet debe contar con una mirada integradora que facilite la eficacia comunicacional del proyecto, la de un editor profesional.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace un par de siglos, la división del trabajo surgió como la panacea para aumentar la productividad y mejorar la calidad de los productos finales. A una década del inicio del siglo XXI, se rescata la necesidad de una mirada integradora en el grupo laboral, en ámbitos tan disímiles como el deportivo y el de la salud, por ejemplo, con una revalorización del rol del médico clínico.</p>
<p>En el campo de las publicaciones, el rol integrador que surge (o debería surgir) con fuerza es el del editor. <span id="more-20"></span>Como un director de orquesta cuya partitura está plagada de palabras e imágenes, es el profesional cuya visión global permite enlazar hacia delante y hacia atrás las tareas de profesionales diversos como redactores, diseñadores, ilustradores, correctores, impresores y, como en toda actividad comercial, abogados y contadores, entre otros.</p>
<p>En mercados editoriales más desarrollados, existe una subdivisión entre publisher y editor, que no tiene correlato en el castellano. El primero será, a grandes rasgos, el responsable organizativo con profundo basamento económico y estratégico que velará por la delineación de objetivos y planificaciones que permitan alcanzarlos. El segundo tendrá la labor de inmiscuirse en cada uno de los aspectos de la materialidad de la obra, desde su génesis hasta su concreción.</p>
<p>Este modelo que con las variantes lógicas impera en el ámbito editorial, no puede sino imponerse en la web, sobre todo con las particularidades que caracterizan a la que se ha dado en denominar web 2.0. Con una pareja de editor y publisher o con ambos perfiles reunidos en un rol de editor integrado, si la estructura lo requiere, se obtendrán mejores resultados.</p>
<p>El editor es de por sí el profesional que no sólo sabrá articular mejor la labor de otros expertos en el plano del desarrollo web, sino que, lejos de ser un competidor, está capacitado para ser el garante de que cada uno de los miembros de un equipo aporte el máximo de su potencial en el desarrollo de un sitio web. Y cuando precisamente ese desarrollo deba, en atención a las tendencias de este tiempo, articularse en herramientas 2.0 como redes sociales, blogs, o canales multimedia, el trabajo del equipo se verá enriquecido y realzado por ese profesional formado para tomar las mejores decisiones.</p>
<p>Imaginemos una colección de libros, por ejemplo, de literatura latinoamericana. La transversalidad en las obras, la homogeneidad estética de la colección, la delimitación de una lógica comunicacional común son algunas de las responsabilidades de un editor a la hora de tratar el colectivo de publicaciones como un todo. Del mismo modo, el tratamiento del conjunto de herramientas comunicacionales en internet debe contar con una mirada integradora que facilite la eficacia comunicacional del proyecto. Así, la integración del sitio y su réplica o complementación en las redes sociales, por ejemplo, debe contar con la atenta mirada de un editor profesional.</p>
<p>¿Qué pasa cuando no se cuenta con esta mirada integradora? En un próximo post discurriremos sobre estudios de caso de sitios web en los que surgieron problemas que un editor podría haber evitado (si lo hubieran tenido).</p>
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		<title>Comunicarse es crecer</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Apr 2010 06:23:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés García</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Edición Integral]]></category>

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		<description><![CDATA[Vamos a quedarnos con un cliché no menos convencional pero sí más cálido para inaugurar el blog: darles la bienvenida.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es de día. O de noche, no importa. Te lean 1, 10 o 1000. Tenés algo que decir. Algo que comunicar. El sentir el deseo de comunicarse es el primer paso.</p>
<p>Podríamos caer en un cliché y decir que el segundo paso es contactarnos para publicar. Pero vamos a quedarnos con un cliché no menos convencional pero sí más cálido para inaugurar el blog: darles la bienvenida.<span id="more-10"></span></p>
<p>¿Que de qué se trata “mirar nuestra actividad”? De tener la posibilidad de llegar más descontracturada y periódicamente a nuestros visitantes con ideas sobre lo que hacemos día a día. No son pocas las veces en que un caso de cliente o un incidente profesional disparan un comentario en un café con colegas o amigos. En la mayoría de las ocasiones aflora lo mejor: un aprendizaje, un crecimiento.</p>
<p>Iniciamos entonces una nueva etapa, <a title="Página de inicio: Edición Integral" href="/" target="_self">un nuevo sitio</a> y una nueva vía de contacto, replicada en <a title="Edición Integral en facebook" href="http://www.facebook.com/edicionintegral" target="_blank">facebook</a> y <a title="Edición Integral en twitter" href="http://twitter.com/edicionintegral" target="_blank">twitter</a>. Los esperamos de vuelta. Gracias por pasar.</p>
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