La post internet

Posteo, luego existo

Si René Descartes hubiera sido contemporáneo nuestro tal vez hubiera tenido que reformular su postulado como el subtítulo. Habíamos abordado globalmente el fenómeno de editar en la web 2.0 en un artículo anterior. El objetivo del presente es explicitar un poco más algunos rasgos que nuestra mirada aporta sobre ese fenómeno.

En principio el hombre creó el blog

Podríamos empezar a definir el blog por su etimología. La palabra proviene de weblog (web + log = diario). Para acercarnos más a su significado, podríamos compararlo con el concepto de bitácora. Una bitácora era el término que los marinos utilizaban para denominar el diario de viaje en el que se asentaban los acontecimientos de interés que ocurrían en una embarcación en el transcurso de sus travesías. Del mismo modo, en un blog se asientan textos o artículos que una o más personas producen y desean que cobren difusión.

Lo que internet permite, enriqueciendo el mero concepto de bitácora, es que el visitante “filtre” esos contenidos, accediendo solamente a los posteados en determinado rango de fechas, englobados bajo determinada categoría, encuadrados bajo determinadas etiquetas, o producidos por determinados autores. Esto solo pone en manos del visitante la decisión de qué contenidos desea leer. Además, le posibilita comentar, o sea, brindar una “devolución” de lo que ha leído, enriqueciendo y aumentando los contenidos ofrecidos en esta plataforma.

La otra gran posibilidad que la tecnología ofreció a los bloggers (personas que llevan adelante un blog) fue la de no tener que limitarse al posteo de textos. El exponente por excelencia de esta tendencia se pudo apreciar en Fotolog®, que es ni más ni menos que un blog en el que cada “entrada” o post tiene como excusa una fotografía como “disparador” del posteo.

La llegada de Youtube®, una plataforma de almacenamiento y acceso público de videos, permitió enriquecer los “posts” con contenido multimedial, sumando audio y video a este medio.

¿Estás en Facebook®?

La herramienta creada por (o atribuida a, dirían algunos) Mark Zuckerberg, está ampliamente masificada en la sociedad argentina. Para aseverar esto nos apoyamos en algunos parámetros bastante poco ortodoxos, tales como su conocimiento (vago, general o profundo) por parte de individuos con escaso o mediano nivel de dominio informático, o el hecho de que algunos medios, organizaciones o personalidades lo ofrezcan como casi excluyente canal de comunicación con el público general. Recurrimos a estos poco ortodoxos parámetros justamente porque los consideramos fácilmente comprobables por el público en general, renuente a veces a confiar en las frías cifras de las estadísticas de dudoso o remoto origen.

Facebook® es una herramienta que tiene rasgos de blog y es considerada una red social. Comparte rasgos con el blog en la medida en la que se puede llevar, como si fuera una bitácora, un registro textual, fotográfico o audiovisual de las actividades que un usuario considera relevantes. Pero en la interacción con los otros usuarios es que hace el salto. Mediante una poderosa base de datos, y partiendo de la sencilla pero imperfecta premisa de que la información que los usuarios vierten es verdadera, permite vincularse con otros usuarios, bien aprovechando la información vertida para descubrir lazos preexistentes al mundo virtual, bien sugiriendo vínculos entre personas desconocidas que puedan tener intereses en común. Permite asimismo que las personas vinculadas por cualquiera de los dos criterios (en adelante, amigos) interactúen entre sí, posteándose cosas mutuamente, comentando las cosas posteadas por otros o incluyéndolos (etiquetándolos) en contenidos generados por ellos (textos, fotografías o videos), por mencionar algunas de sus posibilidades.

Facebook® posee, y continúa incorporando día a día, desarrollos y utilidades virtuales que trascienden o profundizan algunos de los rasgos descriptos. No obstante, para mantener el foco y no entrar en especificaciones que por su mismo dinamismo podrían quedar obsoletas al terminar de redactar este post, las dejaremos por el momento fuera de nuestra consideración.

Cabe mencionar que existen otras redes sociales de similares características, tales como Myspace®, Sónico® o LinkedIn®, de menor penetración en nuestra sociedad y que por el momento no abordaremos en este artículo.

Me pareció ver un lindo pajarito

Cuando ya contábamos con una herramienta presuntamente omnipresente y omnisciente, comienza a popularizarse en nuestro país un exponente minimalista de la web 2.0. Llega Twitter®. Cabe destacar que la cronología de este artículo pretende ceñirse a la de la popularización de cada una de estas herramientas en nuestro país. En virtud de la popularidad aún incipiente de esta plataforma en Argentina, vamos a extendernos un poco más en su descripción.

Twitter® es conocida como una herramienta de microblogging,  lo que ya la define como una manera minimalista de bloggear. En nuestro poco ortodoxo procedimiento de chequear en personas poco digitalizadas el nivel de penetración de estas plataformas, nos sorprendió descubrir que Twitter® es considerado por muchos argentinos como un medio poco menos que exclusivo para famosos o celebridades del espectáculo y el deporte. Esta percepción probablemente tenga su origen en algunos de los rasgos distintivos de la herramienta del pajarito.

Tweet es un vocablo inglés que traduciríamos como trinar o gorjear, o sea, el emitir sonidos por parte de los pájaros, del mismo modo que los perros ladran, los gatos maúllan o las vacas mugen, por ejemplo. Tweety, el famoso canario de los dibujos animados de la Warner Brothers, debía su nombre a ese verbo. Twitter®, entonces, vendría a traducirse como trinador(?) o gorjeador(?).

¿Por qué esta herramienta toma el nombre del gorjear de las aves? A diferencia del blog, que permite el posteo de extensos artículos con contenido multimedial incluido, Twitter® nace con una autolimitación: los posts no deberán exceder los 140 caracteres. De allí la analogía entre el breve gorjeo de un pájaro con el microblogging. Hay que tener en cuenta que la plataforma nace en idioma inglés, una lengua en la que los monosílabos abundan muchísimo más que en nuestro querido castellano. Tampoco podrán “incrustarse” contenidos fotográficos o audiovisuales, sino que en todo caso se podrán incluir links hacia estos u otros contenidos que estén alojados en otra parte de la web, cosa nada infrecuente.

La brevedad de los contenidos vertidos en Twitter® ya condiciona a quienes visiten esta plataforma. La información a la que accederán sería en principio limitada o fragmentaria, serían cortos updates (actualizaciones) sobre alguien ya conocido, o que podremos ir conociendo muy paulatinamente en ráfagas de tan sólo 140 caracteres.

El otro rasgo supuestamente elitista de Twitter®, es la posibilidad de establecer vínculos unidireccionales. En Facebook®, principalmente prima la reciprocidad, al vincularse dos personas uno se convierte en amigo del otro y viceversa (salvo que uno se convierta en “fan” o que “le guste” algo o alguien, posibilidad que abordaremos más adelante). Twitter® nos permite ser “seguidores” de alguien, sin que por eso ese alguien esté obligado a “seguirnos” a su vez. Por ejemplo, podemos “seguir” a Manu Ginóbili, basquetbolista argentino que se luce en la principal liga de ese deporte a nivel mundial, conociendo las alternativas de sus entrenamientos, reflexiones, actividades o lo que se le ocurra postear, sin que por eso el deportista bahiense esté obligado a enterarse de si podamos el nogal, si vacunamos a nuestro perro o cualquier otra novedad que nosotros hayamos juzgado digna de postear en nuestro Twitter® personal.

Twitter® es entonces una manera de mantenernos constantemente al tanto de lo que decida publicar una persona o entidad cuyo devenir diario nos resulta de interés. Las instancias del viaje por el extranjero de un ser querido serían un gran ejemplo. Es fugaz, intermitente, veloz y, en tanto breve y fragmentario, es una expresión del aquí y ahora, en la medida en que puede resultar muy poco interesante leer un tweet de hace 3 meses y procurar dilucidar a qué se referían esos 140 caracteres una vez que los hemos sacado de contexto.

¿Para qué postear?

Las herramientas 2.0 están convirtiéndose en un digesto (digest), entendido como un compendio de fragmentos o material fragmentado, de todo aquello que nos puede llegar a resultar de interés. Sin entrar a otro sitio, podemos desde nuestro Facebook® o desde nuestro Twitter® disponer de un compilado de todo lo que ocurre con nuestras personas o entidades de interés. Algunos ejemplos a continuación:

Los medios digitales de información, como diarios y revistas, tienen su Twitter®, en el que podemos leer en 140 caracteres los contenidos más destacados (o los que los propios medios deciden destacar), sin que debamos ingresar a cada uno de los portales. En nuestra propia página de inicio de Twitter® podemos ojear los titulares de todos los medios de cuyos respectivos Twitters® nos hemos hecho “seguidores”.

Del mismo modo, muchas organizaciones actualizan novedades en su propio Facebook®, lo que nos permitiría, por ejemplo, enterarnos de que nuestra prepaga de salud inaugurará un nuevo centro asistencial, y leeríamos esta noticia intercalada entre la nueva foto de perfil de nuestra ex compañera de secundaria y la novedad de que nuestro primo lejano va a ser papá de mellizos.

Cuando en lugar de pararnos como lectores nos paramos como generadores de contenidos, las posibilidades que se nos abren son sumamente atractivas, a la vez que, en muchos casos, ilusorias. Las herramientas como Twitter® y Faceboook®, de ninguna manera reemplazan a nuestro sitio web, sino que nos permiten destacarlo, realzarlo, difundirlo y “replicar” aquellos contenidos a los que deseemos dar difusión más destacada e inmediata. Para esto debemos ser sumamente criteriosos en el empleo de estas plataformas, eligiendo qué contenidos replicar y contando en nuestro propio sitio con una infraestructura que nos permita una interacción más aceitada con esas herramientas. Los conocimientos necesarios para llevar adelante una versión exitosa de nuestro sitio en Facebook® o Twitter®, no son diferentes a los que se requieren para dotar a nuestro propio sitio web de eficacia comunicacional. Saber emplear estas herramientas a título personal no es, en absoluto, equivalente a saber obtener el mayor beneficio de ellas como organización. El valor agregado de estas plataformas es su popularidad, pero de ningún modo podremos llegar a tener el mismo control sobre la publicación de nuestros contenidos que tendríamos en nuestra web, donde además podremos ofrecer otras utilidades a nuestros visitantes para las que en las plataformas que hemos mencionado simplemente no hay lugar.

Vale la pena reiterar: Twitter® y Faceboook® no reemplazan ni reemplazarán a nuestro sitio web, sino que lo complementan y enriquecen. Esto ocurrirá si y sólo si nuestro sitio y nuestras plataformas 2.0 cuentan con una atenta mirada profesional.

Desde Edición Integral tenemos experiencia en casos de éxito en el asesoramiento y administración conjunta o dedicada de herramientas 2.0 para nuestros clientes, nos mantenemos constantemente informados de sus nuevas utilidades y posibilidades y esperamos más que gustosos la oportunidad de poner a su servicio nuestro know-how en la materia.

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Una respuesta a “La post internet”

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